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Número 9 | Janeiro - Junho 2011 ISSN 1646-740X
 

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NÚMERO 9 / CURRENT ISSUE

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FCT


 

 


Contribución al estudio del desarrollo urbano del sector Norte extramuros de la primera cerca sevillana. Morfogénesis del sector entre las calles Feria, Perís Mencheta y la Alameda de Hércules

 

Miguel Torres García
Arquitecto. MSc in Spatial Planning
migueltg@arquired.es

RESUMOTEXTONOTAS PALAVRAS-CHAVECITAÇÃO imprimir PDF imprimir mail indice
 
 

ENGLISH VERSION

Introducción

El sector Norte del casco histórico de Sevilla ha sido objeto de estudio sólo recientemente. La bibliografía es reducida y, salvo excepciones, muy parcial. Las fuentes medievales islámicas son escasas y las correspondientes a la dominación cristiana como mucho son descriptivas del estado de la ciudad en el momento de la toma y no analíticas. Es durante la segunda mitad de los años 80 que se inicia el estudio de esta zona tradicionalmente descuidada.

Dos son los hitos de estos estudios en lo que se refiere a la zona de estudio de este artículo, el primero, el excelente texto de 1986 de Rafael Valencia en el que se aglutinan las fuentes islámicas y sus principales interpretaciones para dibujar una hipótesis global del espacio urbano de la Sevilla islámica. El segundo es la hipótesis que arroja J. Campos Carrasco, también en 1986, con motivo de la excavación arqueológica de urgencia que realiza en el número 8 de la calle Joaquín Costa.

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Zona de estudio de este artículo, en su configuración actual.

 

Este artículo se basará en el texto de Valencia, introduciendo pequeñas modificaciones que dibujen una hipótesis más plausible acerca del desarrollo urbano temprano de la porción de tejido urbano comprendida entre las calles Feria, Castelar, Pasaje Morgado, Perís Mencheta y la Alameda de Hércules. Esta hipótesis se enfrentará a la teoría de Campos Carrasco y discutirá la existencia de una puerta de origen emiral en la primera cerca romano-islámica en las inmediaciones de la Plaza de San Martín, a favor de la teoría que la sitúa en la desembocadura de la calle Regina a la plaza de S. Juan de la Palma.

 

1. Metodología y limitaciones.

La investigación se ha servido principalmente de consultas bibliográficas y de fuentes secundarias, debido a que las primarias están fuera del alcance de este investigador. Esta carencia se ha suplido en lo posible mediante consultas con los Drs. Rafael Valencia y Federico Corriente, conocedores de los textos primarios, para contrastar la plausibilidad de las hipótesis arrojadas.

Paralelamente se ha consultado la documentación arqueológica registrada desde 1986 en el archivo de la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía de Sevilla, en busca de indicios que invalidaran, matizaran o probaran las hipótesis formuladas en la bibliografía.

Por último, en consideración de la importancia del papel que la geoarqueología puede jugar en este estudio concreto, se ha consultado bibliografía al respecto y se han mantenido conversaciones con los autores. Valga la afirmación hecha por Francisco Borja y Ángeles Barral[1]:

“La aproximación geoarqueológica a los ámbitos urbanos en medios naturales de gran dinamismo ha adquirido cierta relevancia […] incorpora una nueva perspectiva en el análisis de la relación del hombre con su entorno más inmediato, tanto desde el punto de vista de las estrategias de instalación de hábitats y de control del territorio, como desde la óptica de la incidencia de los riesgos naturales sobre las infraestructuras urbanas […]”

A estos efectos, se han consultado los sondeos pertenecientes a las prospecciones arqueológicas mencionadas, así como otros realizados con motivo de estudios geotécnicos. Estos últimos han sido amablemente cedidos para el estudio por la empresa Vorsevi S.A. de Sevilla. En cuanto a los datos topográficos de la zona, no se ha podido acceder a un plano topográfico actual, aunque sí a una serie de puntos taquimétricos proporcionados por la empresa de aguas de Sevilla EMASESA. Comoquiera que estos datos no han proporcionado un marco suficientemente global para poner en contexto la zona de estudio, se han consultado aquellos planos históricos de Sevilla[2] que contienen información topográfica. Se ha recogido además la topografía de la ciudad anexa al libro que Collantes de Terán Delorme dedica a su estudio en 1977[3].

El presente estudio se terminó con anterioridad a la disponibilidad del libro “Estudio geoarqueológico de la Ciudad de Sevilla: Antropización y reconstrucción Paleográfica durante el Holoceno reciente” de Barral Muñoz[4]. Es este un completo estudio que recomiendo vivamente para ilustrar la relación entre la evolución urbana de Sevilla y su contexto geoarqueológico. En cuanto a sus resultados, apenas afectan a las conclusiones a las que llega este artículo, en parte debido a que ambos estudios tienen lugar a escalas diferentes.

Barral defiende la opción de que la evolución del Río Guadalquivir en su contacto con el casco histórico de Sevilla fuera la de un meandro que se ha ido acentuando progresivamente y separándose de la primera cerca sevillana, frente a la teoría más aceptada con anterioridad según la cual el río desaguaba por dos madres, de las cuales la más próxima –el brazo urbano-  fue perdiendo caudal a favor de la actual. De nuevo se trata de una cuestión a mayor escala de la tratada aquí, pero en cualquier caso nuestro objeto de estudio se sitúa en la margen oriental del río, en un contexto de retracción del mismo, y a mi parecer sus conclusiones son válidas en ambas situaciones. Es por ello y por mi incapacidad para decidir la idoneidad de una u otra teoría que no he modificado cómo las ilustraciones de este artículo muestran la evolución fluvial.

En cualquier caso, la coordinación de fuentes provenientes de disciplinas tan diversas da lugar a una duda razonable en la medida en que este investigador no acredita un dominio de todas ellas. No obstante, habiendo contrastado la hipótesis con los expertos citados, creo tiene la solidez suficiente para añadir un contexto alternativo válido que aplicar a otros estudios que en el futuro presten atención a esta característica área del casco histórico de Sevilla.

 

2. El sector Norte de la cerca Romana Imperial y Altomedieval.

El punto de partida del estudio de la evolución de la Sevilla islámica es la conservación de la muralla heredada del periodo imperial de la Híspalis romana. Ha sido este un punto muy discutido debido principalmente al laconismo y ambigüedad de las fuentes islámicas al respecto. Sin embargo, Valencia[5] no encuentra evidencias de la existencia de murallas intermedias entre la imperial y la almorávide-almohade.

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Situación de la zona de estudio en relación a los dos recintos amurallados.

Sí hay, sin embargo, indicios de modificaciones puntuales de la cerca romana a lo largo de la fase islámica de la ciudad. Las principales serían dos: La primera de ellas, una rehabilitación realizada por iniciativa de Abd el-Rahman II como respuesta a las incursiones vikingas de la primera mitad del siglo IX, acerca de la cual las fuentes no dan detalles. La segunda alusión que hacen las fuentes habla de una destrucción programada por iniciativa del emir y pronto califa Abd al-Rahman an-Nasir, que había estado obligado en el año 913 a reducir determinadas revueltas en la ciudad, con objetivo de comprometer la autonomía de la que ésta había gozado hasta el momento. Valencia se alinea con A. Jiménez y J. de M. Carriazo[6] en la creencia de que esta destrucción no se hizo efectiva ante las protestas de los ciudadanos que, aún en la memoria viva de los mencionados ataques normandos, se verían desprotegidos ante razias y, es de suponer, riadas.

Cabe aquí incidir sobre la doble función defensiva de las sucesivas murallas de Sevilla, tanto contra ataques militares como contra las crecidas del río. Está aceptado que el irregular contorno de la Híspalis imperial, más aproximado al triángulo que al rectángulo, está condicionado por las características topográficas del lugar en que se asienta, que presentaba sin duda más ventajas económicas y estratégicas que habitabilidad. Es importante para el caso de nuestro estudio notar que el vértice noroccidental de la muralla se monta sobre el extremo de una terraza natural, una posición estratégicamente valiosa sobre el río y relativamente a salvo de las inundaciones.

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Híspalis imperial, en su contexto topográfico. Elaboración propia a partir de datos cruzados de las citadas obras de Collantes de Terán y Delorme, Valencia Rodríguez y Gestoso Morote.

También está ampliamente reconocido que el cardo máximo de la ciudad se encuentra ligeramente desviado hacia el Este. La inspección de un plano topográfico de la ciudad, como el que propone Collantes de Terán[7], apreciará que la puerta septentrional de Híspalis se situaba en el punto más elevado entre las cuencas inundables del Tagarete y el antiguo brazo “urbano” del Guadalquivir, que discurría por la Alameda, Amor de Dios y Sierpes, hasta volver al cauce principal en el Arenal.  En la actualidad este punto se encuentra en las inmediaciones de la actual Iglesia de Santa Catalina y la vía romana correspondiente discurría por la actual calle San Luís.

En cuanto a la época romana, las excavaciones realizadas en la zona han detectado estructuras dispersas que se han asociado a usos agrícolas o puede que portuarios. En concreto se han hallado restos de una alquería de época imperial en Divina Enfermera, 14[8], y un paramento de uso temporal, portuario o agropecuario, tardorromano en Joaquín Costa, 32[9].

Volviendo a la discusión acerca de las modificaciones de las murallas romanas entre los siglos IX y X, esta inclina a pensar que lo que de hecho se realizó en el año de 913 fue una operación de permeabilización, es decir, se abrieron puertas o postigos adicionales[10]. Sin embargo, parecen existir evidencias de que con anterioridad, durante el gobierno de Abd al-Rahman II por iniciativa del cual se restauraron las murallas de Sevilla tras el ataque normando de 844, se abrió una segunda puerta al noroeste de la muralla[11], identificada como Bab al-Hadid.

El número y distribución del conjunto de puertas resultante es objeto de discusión, siendo las dos hipótesis principales la de Valencia y una formulación previa hecha por José Guerrero Lovillo con motivo de su estudio del Alcázar abadí al-Mubarak[12]. Ambos se inclinaban por situar las puertas redundantes señaladas en las fuentes en los paños occidental y oriental de la muralla, aunque en su última comunicación al respecto Valencia considera la posibilidad de que se encontrara en el lienzo septentrional[13].

La opción de que en esta parte de la ciudad también se abriera una puerta toma mucha más fuerza con el reciente hallazgo de una almacabra original del siglo X durante una excavación arqueológica en la calle Divina Enfermera. Esta nueva información sugiere fuertemente la situación de una puerta en las proximidades, ya que las necrópolis islámicas solían hallarse extramuros y estar asociadas a puertas y caminos de acceso a la ciudad[14].

Hay otras características de los cementerios hispano-musulmanes[15] de la época que se cumplen, como que esté situado en una ladera y en la cercanía de un curso de agua. En contra de lo que podría resultar intuitivo, el cementerio de al-Rabad de Córdoba demuestra que no se tenían reparos en utilizar suelos inundables. Eran de una geometría irregular, sin cerramientos y podían crecer según las circunstancias por extensión o acumulación. Pueden así mostrar varios niveles de enterramientos, como es el caso del cementerio excavado en Divina Enfermera, especialmente en sus zonas más apreciadas como las inmediaciones de puertas o qubbas.

El tratado de Ibn ‘Abdun[16], fechado en finales del s.XI o principios del XII hace referencia a las condiciones de los cementerios de la ciudad. Alude a dos, uno que denomina “el cementerio de la ciudad” y otro “el de los alfareros”, en las inmediaciones de la puerta de Bab Hamida, cerca de la Catedral. La  teoría que sitúa en esta localización dicha puerta, opuesta a la de Guerrero Lovillo[17], queda reforzada tras el hallazgo de hornos de cerámica abandonados bajo el Alcázar de Sevilla[18]. Independientemente de la localización exacta de los cementerios a los que Ibn ‘Abdun hacía alusión, interesa la descripción que de ellos se hace. Aparecen, en el momento previo a la ampliación definitiva de la muralla, masificados hasta el punto de enterrar unos cuerpos sobre otros. Es un punto confirmado por las recientes excavaciones arqueológicas, que han documentado estos enterramientos superpuestos e incluso cadáveres que fueron movidos al inhumar otros[19].

Es por tanto plausible que existiera una segunda puerta al Norte de la ciudad, abierta durante la segunda mitad del siglo IX, lo que cuadraría con el datado de las tumbas más antiguas que se han hallado en la zona. La bibliografía se debate entre situarla en la actual plaza de S. Juan de la Palma, o bien en la Plaza de S. Martín. Se entiende que ambos espacios pueden ser restos de un espacio abierto característico de un acceso a la ciudad.

El principal impulsor de la idea de que la puerta se encontrara en S. Martin es Campos Carrasco[20], al que con motivo de una excavación arqueológica de urgencia, bastante infructuosa por otro lado[21], en la calle Joaquín Costa le llamó la atención la característica distribución en abanico de las calles Joaquín Costa, Juan Pérez de Montalbán, Correduría y Conde de Torrejón. Al confluir estas calles en un único punto en sus extremos sur, la Plaza de Europa, Campos aventuró la teoría de que fueran evidencia de una red de caminos ligados a una puerta que otros sitúan en el estrechamiento de la calle Divina Enfermera, junto a la iglesia. Campos propone que se tratara de Bab al-Hadid, una puerta que aparece en las fuentes ligada a un Zoco, que campos identifica con el conjunto de manzanas estrechas y alargadas entre dichas calles. Para Campos, que elude la cuestión de la situación concreta de la puerta, este arrabal y su zoco toman forma con origen en un acceso al Palacio Abbadí de Al-Mukarram, que sería construido entre la muralla y la actual calle Conde de Torrejón.

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Hipótesis de Campos Carrasco tal y como aparece en su obra citada. En negro, el solar objeto de la excavación, a la derecha, tramado, la localización del palacio de al-Mukarram. Sombreadas en gris, aparecen las manzanas en forma de cuña sobre las supuestas trazas del zoco de Bab al-Hadid.

La lógica que acompaña esta hipótesis es sólo parcial, algo que se manifiesta en diferentes puntos. En primer lugar, la práctica romana era la de abrir las puertas en zonas intermedias de los lienzos, mientras que tiende a reforzar las esquinas. No es una costumbre exenta de excepciones, pero este sería un punto estratégicamente interesante, por estar elevado y al proteger el lienzo norte de posibles ataques desde el río. Eso debilita la posibilidad de una puerta en tal localización en época romana, pero es de esperar que la misma lógica se aplicara durante la dominación musulmana: Si aceptamos como evidente que la puerta septentrional romana (en Sta. Catalina) se apartó en la medida de lo posible de las líneas de inundación del rio, la apertura de esta nueva puerta al oeste del mismo lienzo podría significar una retirada de tal línea. Es decir, entre los siglos I y IX, como parte del proceso de desaparición del brazo urbano del río, el área inundable al noroeste de la ciudad se había retraído.

En ese sentido, la teoría de Guerrero Lovillo[22], que entiende que el Alcázar de Al-Mukarram se encontraba intramuros ocupando ese mismo rincón, parece más apropiada, al situarse en una posición topográficamente aventajada y concentrar la capacidad bélica en un punto de relevancia estratégica. Es esta una posibilidad que resulta de interés, no sólo para situar esta nueva puerta en la muralla sino, como veremos más adelante, por las implicaciones que tendrían en el desarrollo del ámbito urbano que nos interesa.

En segundo lugar, Campos considera sólo los primeros tramos de las calles citadas, y obvia el resto de su recorrido. En su mitad norte, las calles se desvían, describiendo aproximadamente una serie de arcos y confluyendo de nuevo, esta vez en la plaza de la Mata. No es por tanto una ramificación típica de una salida al territorio, sino que su geometría apunta a una morfogénesis distinta.

En tercer lugar, Campos hace bien en asociar una estructura urbana de manzanas alargadas y estrechas y parcelario menudo con un uso comercial. Pero la razón última de esta morfo-tipología es la de los rendimientos económicos del suelo. En un barrio comercial el uso del suelo reporta unos beneficios mayores que en otras situaciones urbanas, como zonas residenciales. Esto encarece el valor del suelo y acarrea dos consecuencias: la disminución en superficie de la parcela tipo y la capilarización del viario, debido a que el contacto con la calle interviene en el valor final del suelo. Estaríamos asistiendo por tanto a un proceso de gran revalorización de la propiedad en la zona improbable, ya que era la más expuesta a las frecuentes avenidas del Guadalquivir y vecina a la que con el tiempo la ciudadanía bautizaría “la Laguna de la Peste”.

Por último, el hallazgo documentado de enterramientos masivos en el área designada hace incompatible la localización del segundo alcázar de la Sevilla emiral.

Habría que inclinarse, en consecuencia, por la opción de que de haber habido una segunda puerta en el lienzo Norte de la muralla, ésta se hubiera abierto en la plaza de S. Juan de la Palma. Esta es una hipótesis compatible con las escasas fuentes que aluden a la puerta de Bab al-Hadid. De acuerdo con Ibn Hayyan[23] por esta puerta por la que entró en la ciudad el hayib Badr en el 913, proveniente desde Córdoba en un itinerario que pasó por Tocina, es decir, siguiendo la ruta que por la margen del río pasaba por Alcalá del Río.

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Creación de un segundo eje urbano con la apertura de Bab al-Hadid.

Esta crónica relata el negociado de la sumisión de la ciudad a la autoridad de Córdoba, y en él la puerta Bab al-Hadid tiene un papel protagonista. De él se desprende no sólo una localización orientativa, sino que la puerta existía con anterioridad a estos acontecimientos fechados a principios del siglo X. Como ya hemos apuntado más arriba, sólo cabe recordar que durante el gobierno de Abd al-Rahman II se ejecutaron obras en la muralla. No es esta una operación aislada si consideramos que ya en el 830 el califa promovió la construcción de la Mezquita Aljama de Ibn Adabbas, en la actual localización de la Iglesia del Salvador, y el arsenal[24]. Más aún, se conoce[25] que el emir mandó llamar a Muhammad Ben Said Ben Abi Sulayman, de la ciudad de Nakor[26], para asistirle en tareas de planificación urbana; esto nos inclina a pensar que las actuaciones sobre la ciudad no eran iniciativas incomunicadas, sino que encerrarían una lógica común.

En otra ocasión[27] se relata que durante la inundación de 1200 las almadías pasaban entre la Mezquita de Ibn Adabbas y el zoco de Bab al-Hadid. Más allá de lo anecdótico, esta crónica intentaría, en mi opinión, dar información acerca de la magnitud de la riada que, en otras palabras, había anegado toda la parte baja de la ciudad.

En cuanto al zoco de que hablan las fuentes, hay que considerar que una puerta en S. Juan de la Palma entroncaría directamente con el eje comercial de la calle Regina, Encarnación y Siete Revueltas que se dirige a El Salvador. En un primer momento de expansión de la ciudad, debía de ser este un zoco más ligado al comercio local, cuyos proveedores vendrían de las huertas al Norte de la ciudad o de la vega, ya por el río o por su ribera. Incluso podríamos suponer que el mercado extramuros semanal característico de las redes de asentamientos hispanomusulmanas[28] fuera desplazado de los ejes comerciales más consolidados para encontrar acomodo en torno a esta puerta, y hubiera perdurado en el tiempo en la forma de El Jueves.

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Detalle del croquis de Guerrero Lovillo, proponiendo la localización del palacio de Al-Mukarram. Obsérvese el esquema topográfico, que detalla la apertura de la puerta en Sta. Catalina en el punto más alto del lienzo de muralla; la terraza que se forma en el ángulo noroccidental de la misma y la hoya que se forma al norte de la misma.

No es objeto de este estudio situar el resto de puertas de la muralla imperial-islámica, aunque se es consciente de que sugerir esta situación para Bab al-Hadid afecta a la composición general del conjunto defensivo. No tanto en la hipótesis de Guerrero Lovillo, pero sí en la que  Rafael Valencia formula en 1986. En la primera, se sugiere una puerta adyacente al recinto del palacio al-Mukarram, en el lienzo occidental de la muralla, aunque no se especifica el nombre. En toda lógica, el Alcázar debía de tener una salida cercana, de manera que la puerta sugerida por el autor podría ser desechada a favor la sugerida en este artículo, que cumpliría la misma función. O si acaso mejor, porque una puerta en la muralla oeste necesitaría salvar una diferencia de cota importante, además de los restos del brazo del río. En la primera hipótesis de Valencia[29] es la misma Bab al-Hadid la que se sitúa al oeste, a la altura de la actual plaza de Villasís, una opción que, de probarse la teoría aquí expuesta, sería necesario reconsiderar.

Por último queda hacer notar que la distribución de puertas sugerida se corresponde con la estructura urbana y de caminos cuyas trazas quedaron impresas en la muralla almorávide-almohade y nos han llegado hasta hoy: De la misma manera que la calle S. Luis es una permanencia del camino romano que partía desde Sta. Catalina y que la última muralla acomodó en la puerta de la Macarena, el camino que corría desde la plaza de S. Juan de la Palma hasta la puerta de la Barqueta (el topónimo bibarragel ha permanecido para atestiguar la salida del camino hacia Alcalá del Río), para continuar por la ribera del río ha quedado trazado en las calles Feria, Perís Mencheta y Calatrava.

 

3. “El Arrabal de Bab al-Hadid”

Condicionantes

Hasta ahora hemos definido las condiciones de contorno en las que se enmarcaría el desarrollo de la Sevilla islámica al norte de la primera muralla a partir de finales del siglo X. Una nueva puerta en el lienzo norte de la muralla pondría en uso un nuevo camino que se encontraría, a la altura de la actual Puerta de la Barqueta con el cauce principal del  río. Debió este camino de tomar importancia rápidamente, ya que en un breve espacio de tiempo generaría un zoco en su contacto con la ciudad, significado además gracias a la presencia del segundo alcázar de Isbiliya, Qsar al-Mukarram.

Otras condiciones son necesarias para el entendimiento de la génesis del nuevo arrabal. Al oeste el brazo urbano del río, si bien en proceso de retracción, sigue ejerciendo una fuerte presión en forma de frecuentes crecidas. De hecho, Borja Barrera y Barral  Muñoz, a partir del estudio geológico enmarcado en una excavación arqueológica en la calle Peral, afirman que “durante los siglos VI al XI podría identificarse un episodio de repunte de la dinámica fluvial seguido de unas condiciones de xericidad generalizada o de un receso del régimen de inundaciones en el conjunto de la llanura aluvial”[30]. Es un punto que hemos podido comprobar en los informes arqueológicos de excavaciones recientes en la zona. Cuando ha sido posible una datación de la estratigrafía, se encuentran diferencias de cota de entre dos y tres metros entre niveles romanos y el altomedieval[31], pero de sólo unas decenas de centímetros entre este último y el bajomedieval.

Por otra parte, a partir del siglo X nos encontramos con un proceso de expansión demográfica de la ciudad que aún no se correspondería con un nuevo amurallamiento. Esta es una condición para la aparición de arrabales. Además, contamos con el tratado de Ibn ‘Abdun[32], que indica la necesidad de expulsar a extramuros a los alfares, lo que nos hace suponer que los usos industriales, molestos, o contaminantes fueron desplazados hacia el exterior por usos más nobles.

En el mismo tratado se detalla la situación de los cementerios de la ciudad  a finales del siglo XI o principios del XII. Estos no sólo aparecen insuficientes y masificados, sino ocupados por construcciones de baja calidad y en ocasiones utilizados por pequeñas industrias, como secaderos para adobes o curtidurías. Se dibujan, además, como espacios para relaciones ilícitas: punto de encuentro de adivinadores, prostitutos (las prostitutas tenían espacios reservados intramuros, pero las relaciones homosexuales de pago estaban al parecer peor consideradas) o adúlteros.

Morfogénesis

Como aprecia Campos Carrasco, la morfología del sector comprendido entre las calles Feria, Castelar, Pasaje Morgado, Perís Mencheta y la Alameda de Hércules es muy característica. Si se presta atención a la topografía detallada del sector en cualquiera de los planos históricos (el croquis de Guerrero Lovillo es especialmente gráfico, pero valga también el de Collantes de Terán o cualquiera de la planimetría histórica de Sevilla), se apreciará que estas calles ocupan una pequeña hoya en la margen izquierda del brazo urbano del río, y dibujan aproximadamente las líneas de nivel de este pequeño accidente topográfico: curvas más acusadas al aproximarse a la calle Feria, y más tendidas hacia la alameda[33].

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1870

Detalles de los planos de Olavide y militar (y primero con información topógráfica) de 1870.

Colección de planos históricos de Sevilla.

No parece haber existido un desnivel lo suficientemente acusado para generar un asentamiento en terrazas, de manera que la teoría por la que me inclino es que es producto de la ocupación progresiva del espacio a medida que la línea de inundación se retraía[34]. Se dan las condiciones que en mi opinión deberían intervenir para que el tejido urbano resultante mostrara tan explícitamente este proceso:

· Una fase de acusada actividad fluvial, que tendría una influencia doble. Por un lado las sucesivas riadas se llevarían las construcciones a su paso, pero por otro lado depositarían sedimentos que nivelarían paulatinamente el terreno.

·  Un momento de presión demográfica que obligaría a ocupar estas parcelas a pesar de estar tan expuestas.

·  Igualmente, que la situación del sector plantee ventajas prácticas a los usos que allí se instalaron.

· Tipos constructivos de escasa calidad, que presentaran poca resistencia a la acción del agua, pero igualmente cierta facilidad para la reconstrucción.

 

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Inicio de la formación del arrabal a la salida de Bab al-Hadid.

En cuanto a los tres últimos puntos, la calle Joaquín Costa, que sería según esta tesis la última en conformarse, representa un ejemplo muy gráfico. Se tienen noticias de esta calle desde el siglo XV, cuando recibía el nombre de Cañaverería[35]. Se debía a que albergaba el gremio de cañavereros, que recogían las cañas de las zonas húmedas próximas a la ciudad, sin duda también de la Alameda de Hércules (o Laguna de la Feria, en aquel momento), para almacenarlas en patios traseros. En el caso concreto de esta calle se puede apreciar con claridad (especialmente en el plano de Olavide de 1776) lo irregular de las medianeras traseras de las parcelas que dan a esta calle. Sin duda la evolución del terreno se detuvo con la construcción de la muralla almorávide-almohade y el descenso de la actividad fluvial. Estas traseras se congelaron en tal estado hasta el relleno de la Alameda de Hércules en 1574 y el posterior adosamiento de una línea de edificación presentando una fachada alineada con característicos patios delanteros.

En la toponimia siguen quedando restos de actividades de similares características[36]. La actual calle Molino aparece como Molino del Yeso en el plano de Olavide; la calle Cruz de la Tinaja recibía el nombre de Tinaja o Tinajas hasta mediados del s.XX; en la calle Peris Mencheta se encontraba al parecer un peso de carbón, una actividad que Ibn ‘Abdun sitúa igualmente a la orilla del río[37]; en el s.XII Quintana se conocía como Albardería, y la calle Correduría refiere al gremio de correeros.

Aunque estas son informaciones muy parciales, hablan de un pasado relativamente humilde, industrial, en el que predominan oficios de escaso rendimiento económico. Para estos era seguramente beneficiosa una posición cercana a la ciudad pero poco gravosa en términos de suelo, el vínculo con una vía de importancia y la proximidad del cauce del río, cada vez más exiguo y que con seguridad se utilizaría como cloaca y vertedero. En términos más actuales, estamos hablando de un concepto cercano al de polígono industrial.

De acuerdo con el estudio geoarqueológico de Borja y Barral[38] y las excavaciones arqueológicas consultadas, es sencillo establecer el fin de este proceso morfogenético en algún momento del s.XII. El inicio se correspondería con la apertura de la puerta Bab al-Hadid y la consolidación del camino de ribera entre ésta y la posterior puerta correspondiente a la actual calle Bibarragel. He fijado esta fecha a mediados del s.IX en busca de una coherencia con las fuentes al respecto.

Por último, queda discutir la suerte que corrieron las manzanas que actualmente se encuentran entre las calle Conde de Torrejón, Feria, Amor de Dios y Pasaje Morgado. Representan una incógnita en la medida en que deberían pertenecer al mismo desarrollo en arrabal, y sin embargo muestran una morfología a todas luces distinta. Es algo que reconoce Campos Carrasco, como se apunta anteriormente, situando en esa posición el palacio de Qsar al-Mukarram, adelantado con respecto a la muralla. A la luz del hallazgo de la almacabra islámica, esta hipótesis (antes razonable, si tomamos como referencia la construcción del palacio de al-Mubarak en los actuales Alcázares) pierde fuerza.

De acuerdo con los datos extraídos en la reciente excavación de la calle Divina Enfermera citada anteriormente, el cementerio permaneció en uso hasta el s.XII, momento en que se abandona. Se respeta como lugar sagrado durante un periodo indeterminado de tiempo para acabar siendo aprovechada como huerta. No aparecen, en el sector excavado, construcciones hasta el s.XVIII. Sin embargo, al haberse excavado en un interior de manzana, es en teoría compatible el uso hortícola con la consolidación urbana de sus bordes. A la luz de los datos aportados por la excavación, y en el supuesto de que el palacio de al-Mukarram se situara intramuros, en la esquina nor-occidental de la muralla, es factible que la ladera de la terraza sobre la que se asentaba se dejara libre de construcciones por razones de seguridad. Esta ladera se extendía desde el muro hasta la calle Conde de Torrejón, una calle de configuración inusual, de la que se sabe que no tuvo nombre hasta bien entrado el s. XVII y en la que probablemente hubiera algún límite significativo, como una escorrentía o una cloaca, acerca del que no he podido encontrar ninguna referencia sólida. Con el fin del periodo taifa en Sevilla y el abandono del palacio de al-Mukarram esta ladera se incorporaría al proceso general de desarrollo urbano del sector norte del casco histórico, ya sin ser afectado por la acción fluvial.

 

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[1] BORJA BARRERA, F.; BARRAL MUÑOZ, M. A. Evolución histórica de la llanura aluvial del Guadalquivir y ocupación humana en el sector Norte de la ciudad de Sevilla. Aproximación geoarqueológica. En AAVV, Actas del XVI Congreso de Geógrafos Españoles. El territorio y su imagen. Vol.1 p. 25. Málaga: Diputación Provincial de Málaga, 1999.

[2] JOAQUÍN CORTES, José et al. Planos de Sevilla. Colección Histórica (1771-1918). Sevilla: Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla y Editorial MAD s.l., 1992.

[3] COLLANTES DE TERÁN Y DELORME, Francisco. Contribución al estudio de la topografía sevillana en la Antigüedad y en la Edad Media. Sevilla: Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, 1977.

[4] BARRAL MUÑOZ, Mª Ángeles. Estudio geoarqueológico de la Ciudad de Sevilla : Antropización y reconstrucción Paleográfica durante el Holoceno reciente. Sevilla: Universidad de Sevilla, Fundación Focus-Abengoa, 2009.

[5] VALENCIA RODRÍGUEZ, Rafael. El Espacio Urbano de la Sevilla Árabe. En AAVV, Premios Ciudad de Sevilla de Investigación. 1986. Sevilla: Universidad de Sevilla, Servicio de Publicaciones, 1988.

[6] Ibid.

[7] COLLANTES DE TERÁN Y DELORME, (1977) op cit.

[8] GESTOSO MOROTE, David et al. Informe preliminar de la excavación arqueológica preventiva en calle Divina Enfermera nº 14, Sevilla. Sevilla, enero-marzo 2008. ADCSJA.

[9] RUIZ LÓPEZ, Urbano; GARCÍA MORALES, Irene. Excavación arqueológica preventiva en la c/ Joaquín Costa, 3, Sevilla: Memoria preliminar. Sevilla, 2002. ADCSJA.

[10] VALENCIA RODRÍGUEZ, R. (1988) Op. cit.

[11] IBN HAYYAN, “Al muqtabas, V”. ed. CHALMETA, P; CORRIENTE, F. EN TAHIRI, Ahmed. Estructura Urbana de la Sevilla Abbadí. Traducción inédita de Mohamed el-Mhassani, 2009.

[12] GUERRERO LOVILLO, José. Al-Qasr al-Mubarak, el Alcázar de la bendición: discurso de recepción leído el día 19 de noviembre de 1970 en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría y contestación de José Hernández Díaz. Sevilla: Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, 1974

[13] VALENCIA RODRÍGUEZ, Rafael. La Sevilla del Emirato Omeya. En AAVV, Aula Hernán Ruíz. De Hispalis a Isbiliya. Octubre de 2009. Sevilla: Catedral de Sevilla. Aula Hernán Ruíz, 2009.

[14] CASAL GARCÍA, Mª Teresa. Los cementerios musulmanes de "Qurtuba". Córdoba: Universidad de Córdoba, Servicio de Publicaciones, 2003

[15] Ibid.

[16] IBN 'ABDÚN, Muhammad b. Ahmad. Sevilla a comienzos del siglo XII: el Tratado de Ibn 'Abdún. Emilio García Gómez, E. Lévi-Provençal (eds.)  Sevilla: Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla, 1998. Reed. facs.

[17] GUERRERO LOVILLO, J. Op. cit.

[18] TABALES RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. Excavación Arqueológica en el Jardín del Inglés del Real Alcázar de Sevilla. En AAVV, Apuntes del Alcázar de Sevilla [edición digital en línea] nº 9, mayo de 2008, pags. 8-15. Sevilla: Patronato del Real Alcázar y de la Casa Consistorial [última consulta noviembre de 2009] <http://www.patronato-alcazarsevilla.es/apuntes/apuntes9/>

[19] GAMARRA SALAS, Francisca E. Informe de la excavación arqueológica preventiva en la calle Santa Rufina nº3, Sevilla. Sevilla, 2004. ADCSJA.

[20] CAMPOS CARRASCO, Juan Manuel et al. Excavación en c/ Joaquín Costa, nº8, Sevilla. AAA/1986. Tomo III, p. 307.  Sevilla: Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

[21] La excavación sólo profundizó 1,60 m. bajo la rasante antes de interrumpirse por la aparición del nivel freático, habiendo encontrado únicamente rellenos muy húmedos con material cerámico de diferentes épocas y muy alterado.

[22] GUERRERO LOVILLO, J. Op. cit.

[23] VALENCIA RODRÍGUEZ, R. Op. cit.

[24] BOSCH VILÁ, Jacinto. La Sevilla islámica: 712-1248. 2ª Ed. Sevilla: Universidad de Sevilla, Servicio de Publicaciones, 1984.

[25] IBN HAYYAN EN TAHIRI, A. 2009 op. cit. p.18

[26] Capital del emirato rifeño de Nakor, situada en las inmediaciones de la bahía de Alhucemas, y que fue la primera ciudad fundada en el Mahgreb durante la expansión del Islam, y por tanto un modelo temprano para el urbanismo musulmán en occidente.

[27] En VALENCIA RODRÍGUEZ, R. (1988)

[28] CHALMETA (1973) EN VALOR PIECHOTTA, Magdalena. Sevilla Almohade. Málaga: Sarriá, 2008. p. 160.

[29] VALENCIA RODRÍGUEZ, R. (1988) op. cit.

[30] Op. cit.

[31] RUÍZ LÓPEZ, U; GARCÍA MORALES, I. (2002) op. cit.

[32] Op. cit.

[33] Tanto en el plano de Collantes de Terán como en los datos taquimétricos que actualmente obran en poder de EMASESA, estas líneas de nivel se hallan alteradas por un recrecimiento de la rasante de la calle Juan Pérez de Montalban que el diccionario histórico de las calles de Sevilla (ver nota 34) documenta en el siglo XIX. Esta elevación se puede percibir claramente hoy en día, ya que la calle Cruz de la Tinaja, que la atraviesa perpendicularmente en su punto medio, llega a la calle Joaquín Costa con tal diferencia de cota que precisa varios escalones.

[34] Este enfoque ya lo empleó Alfonso del Pozo y Barajas en su estudio morfológico del barrio de la Calzada, en el que la línea de inundación del Prado de Santa Justa acotaba el desarrollo de la edificación a partir de la tapia trasera del Convento de San Benito. Véase DEL POZO Y BARAJAS, Alfonso. Sevilla, elementos de Análisis Urbano. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2003.

[35] CORTÉS JOSÉ, Joaquín, et al. Diccionario histórico de las calles de Sevilla. Sevilla: Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía, 1993.

[36] Ibid.

[37] EN ESCARTÍN GONZÁLEZ, Eduardo. Economía y Sociedad en la Sevilla Almorávide. Sevilla: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2008.

[38] Op. cit.

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Sevilla, medieval, arrabal, hadid, Alameda

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Referência electrónica:
TORRES GARCÍA, Miguel – “Contribución al estudio del desarrollo urbano del sector Norte extramuros de la primera cerca sevillana. Morfogénesis del sector entre las calles Feria, Perís Mencheta y la Alameda de Hércules”. Medievalista [Em linha]. Nº9, (Dezembro de 2010). [Consultado dd.mm.aaaa]. Disponível em http://www2.fcsh.unl.pt/iem/medievalista/MEDIEVALISTA9\garcia9004.html.
ISSN 1646-740X.
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